Mi vida sin mi
20°may 17, 2010 por
Beuchy
Esta eres tú…
Los ojos cerrados bajo la lluvia.
Nunca imaginaste que harías algo así.
Nunca te habías visto como…, no sé como describirlo, como una de esas personas a las que les gusta la luna o que pasan horas contemplando el mar o una puesta de sol… Seguro que sabes de que gente estoy hablando, o tal vez no.
Da igual, a ti te gusta estar así…
Desafiando el frío.
Sintiendo como el agua empapa tu camiseta y te moja la piel.
Y notar como la tierra se vuelve mullida bajo tus pies
Y… el olor
Y el sonido de la lluvia al golpear las hojas
Todas esas cosas que dicen los libros que no has leído
Esta eres tú… quién lo iba a decir.
Tú…
Tu padre se bebía una botella de Bourbon y lo llamaba desayuno.
Tú con una cerveza ya estás mareada.
Y en el instituto no te drogabas, como mucho una calada de un porro y sin tragarte el humo, como el tío ese que fue presidente de los EEUU, Bill Clinton.
Ahora te apetecería probar todas las drogas del mundo.
Pero todas las drogas del mundo no cambiarían la sensación de que tu vida ha sido un sueño y estás empezando a despertar.
Pensar… no estás acostumbrada a pensar.
Cuando tienes un hijo a los 17 años con el único hombre al que has besado en tu vida.
Y luego otro a los 19 con el mismo hombre.
Y además vives en un remolque en el jardín de tu madre y tu padre lleva 10 años en la cárcel, no tienes tiempo de pensar.
Quizás se te ha olvidado por falta de práctica.
Sola… estás sola.
Nunca has estado tan sola en tu vida.
Las mentiras son tu única compañía.
Ahora ves las cosas claras…
Ves todas las vidas robadas, las voces enlatadas, Lili Vanilli por todas partes.
Miras todas las cosas que no puedes comprar y que ahora ya ni quieres comprar.
Todas esas cosas que permanecerán cuando te vayas, cuando estés muerta.
Y caes en la cuenta de que… todo lo que hay en los escaparates, todas las modelos de los catálogos, todos los colores, todas las ofertas, todas las recetas de Marta Stuart, todas las montañas de comida grasienta… están ahí para mantenernos alejados de la muerte y no lo consiguen.
En el supermercado hace frío y eso te gusta.
La gente siempre lee atentamente la etiqueta de sus productos favoritos para ver cuanta química llevan y después suspira resignada mientras los meten en el carrito y pensaran: “es malo para mi, es malo para mi familia, pero nos gusta”.
En un supermercado nadie piensa en la muerte.
Rezas para que esta sea tu vida sin ti.
Rezas para que las niñas quieran a esta mujer que se llama como tú.
Y para que tu marido acabe por quererla.
Para que vivan en la casa de al lado y las niñas usen el remolque para jugar a las muñecas.
Y apenas recuerden a su madre que dormía de día y las llevaba de viaje en canoa.
Rezas para que tengan momentos de felicidad tan intensos que cualquier pena parezca pequeña a su lado.
Rezas a no sabes qué ni a quién, pero rezas.
Y no sientes nostalgia por la vida que no tendrás, porque para entonces habrás muerto.
Y los muertos no sienten nada, ni siquiera nostalgia.
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